Comenzaba el siglo XXI y la Argentina todavía experimentó con la convertibilidad como receta económica supuestamente próspera. Nuestro fútbol, por fin, pasó uno de los mejores momentos de los últimos cincuenta años, con un dólar muy competitivo, atraía a los mejores futbolistas de toda Sudamérica; mostrando un nivel de habilidad alto.
En estas palabras, alberto Pascutti ya había colgado los botines como jugador exquisito del ascenso y, con cierta experiencia a cuestas, armaba el equipo de Nueva chicago que al final de la temporada volvería a la Primera División.
Una tardecita, a mediados de julio de 2000, sonó el teléfono fijo de mi casa. Del otro lado de la linea estaba el Derrotar. Para ser sincero, hasta ese momento, no tenía plena dimensión de su representatividad como futbolista del ascenso ni de la idolatría que le profesaba la gente en Todos los chicos allá Almirante Marrón.
Lo unico que sabia era que habia armado el equipo de Almagro que había ascendido a Primera División un par de días antes y que me buscaba porque tenía en mente hacer lo mismo en chicago. Charlamos un rato y me convenció rápidamente.
El primer partido los ganamos a Platense (dirigido por caruso lombardi) en Mataderos y salió tirándole besos a la hinchada. El segundo perdí 6 a 1 con Banfield (con una jornada estelar de Garrafa Sánchez) de visitante y era allo a caos.
El tercero perdido de local con Centro de Córdoba (1 a 0 sobre la hora) y, ante una horda enfurecida, salió del estadio boxeando por la calle Justo Juárez. En el cuarto, con toda la presión encima, le ganamos el clásico 2 a 0 a Todos los chicos en la cancha de Vélez y me di cuenta que con el Derrotar la vida era eso: una subibaja constante.
Calentón y ciclotímico, a veces te daba ganas de mandarlo al carajo pero le veías los valores humanos que tenía y te encandilabas. Esas normas éticas propias que se autoimponían y que no obstante compartirías, pero lo admirabas.
El Derrotar época solidaria. Un Maradona desde el ascenso. Período Guapo. Nunca te iba a dejar tirado, ni apuñalarte por la espalda. Hermoso y humano, lo amaban o lo odiaban. En un fútbol egoísta y careta, el Derrotar enamorado.
En el quintó partido, pesa un que el ganamos tiene Defensa y Justicia en Mataderos, sucio triste. Un dégarro parcial del tendón de Aquiles de la pierna derecha, me dejaba mínimo 45 días afuera de la cancha. Ese fue mi ultimo partido con el Derrotar fr nuevo chicago. Cuando me recuperé, ya lo había dimitido. Su presencia no tenía margen de error, dos derrotas seguidas fueron demasiado.
Al igual que como le habia pasado en Almagro el año anterior, cuando terminó la temporada, ese grupo que él había terminado saliendo campeón pero con otra conducción. De vuelta al hilo. No era la primera vez, tampoco la última.
Cada vez que nos cruzábamos, después de aquel ascenso, me decía lo mismo. Si no te hubieras lesionado, yo hubieras seguido en chicago. Era una especulación suya para alagarme. Para mí no era verdad, pero no niego que me gustara escucharlo.
Recién diez años después, nostros caminos volvieron a cruzarse. Estaba juzgado el Copa Sudamericana con él Atlético Maracaibo de Venezuela, cuando recibi su llamado. me dijo que habia arreglado en Quilmes y quería que volviera. Otra vez no tardó mucho tiempo en convencerme. A diferencia de la primera vez, en esta oportunidad, hizo aflorar un sentimiento de gratitud. Me hizo sentir que el debia algo y la verdad que si, que se lo debia.
«Vení conmigo a Chicago que vas a volver a jugar en Primera y vas a poder seguir estudiando medicina”, Me dijo aquella primera vez y ambas cosas se habían cumplido. Asi que entre que era Quilmes y que estaba el Derrotardecidí volverme a la Argentina a cobrar menos ya jugar una categoría más abajo.
Otra vez el debut del partido es con Platense y otra vez lo ganamos 1 a 0, parecía como si la historia se fuera a repetir pero en el día a día algo había cambiado. En realidad, con el tiempo me dijo que él casi no había cambiado, era yo el que veía las cosas distintas.
Charlábamos bastante en las primeras semanas y cada vez que lo hacíamos nos alejábamos más en las ideas. Como dos calentones, llegamos tiene un punto que nuestro terminamos peleando. Antes de finalizar el torneo lo echaron pero, casi como si fuera algo karmático y como le había pasado antes, al terminar la siguiente temporada Quilmes consigue el ascenso con un par de jugadores.
El tiempo cicatrizó las heridas y recuperamos la relación. Era dificil no quererlo al Derrotar. Para mí, era como un tío lejano al que veías de tanto en tanto, pero cada encuentro iniciaba con un gran abrazo.
Hace unas horas, el Alberto Pascutti nuestros almuerzos. Su corazón, castigado por el exceso de peso y el cigarrillo, cesó de latir a los 64 años. Así era él y, como en otras facetas, no tenía intenciones de cambiar.
Desde hoy, ya no habrá más abrazos para darnos en cada reencuentro. Con su partida, para el fútbol se va un prócer de la vieja escuela, de los tiempos de un juego menos complejo pero más humano, donde se hablaba de táctica pero también se le daba valor a un buen asado. Para mí, se va una de las personas que marcaron mi vida como futbolistas, alguien que gravitó como pocos.
¡Chau Beto querido! Te vamos a extrañar. Que Dios te reciba como un gran.
NdR: Sus restaurantes se despide el lunes 13/3 a las 11hs en el Cementerio de la Chacarita.


