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EE. UU. recomienda “autodeportarse” a migrantes que perdieron el TPS

El gobierno de Estados Unidos ha generado controversia al recomendar a miles de migrantes que ya no cuentan con protección bajo el Estatus de Protección Temporal (TPS) que se “autodeporten” voluntariamente. Esta sugerencia, dirigida principalmente a personas de nacionalidades cuya designación al programa fue cancelada o no renovada, ha provocado preocupación entre organizaciones defensoras de derechos migratorios, al considerar que la medida puede incrementar la vulnerabilidad de quienes han vivido en el país durante años bajo esa figura legal.

El TPS es una protección temporal otorgada por el gobierno estadounidense a personas provenientes de países afectados por conflictos armados, desastres naturales u otras condiciones extraordinarias que impidan su regreso seguro. Esta medida les permite vivir y trabajar legalmente en EE. UU. durante un periodo determinado. Sin embargo, en los últimos años, el futuro del programa ha sido incierto para varias comunidades, entre ellas la nicaragüense, hondureña, salvadoreña y nepalí, debido a decisiones administrativas que han reducido la permanencia de ciertos grupos amparados por el TPS.

El llamado a la autodeportación no implica una orden de expulsión inmediata, pero sí una sugerencia por parte de las autoridades migratorias para que las personas afectadas se retiren voluntariamente del país. Quienes acepten hacerlo podrían evitar sanciones migratorias más severas en el futuro, como la prohibición de reingreso por varios años. Sin embargo, abandonar el país implica enormes costos emocionales, sociales y económicos para familias que han echado raíces en territorio estadounidense.

Numerosos beneficiarios del TPS han vivido en EE. UU. durante más de diez años, con hijos nacidos en suelo estadounidense, trabajos seguros y comunidades establecidas. La recomendación de auto-deportarse supone una separación grave para familias mixtas y genera dudas sobre la posibilidad de reintegrarse en naciones de origen que todavía enfrentan problemas estructurales.

Organizaciones migrantes y expertos legales advierten que la medida puede interpretarse como una forma de presión indirecta para reducir la población migrante sin asumir directamente los costos políticos o diplomáticos de deportaciones forzosas. Además, subrayan que el proceso de autodeportación, aunque técnicamente voluntario, se produce en un contexto de incertidumbre legal y miedo a redadas o detenciones, lo que limita las opciones reales de las personas afectadas.

En otro contexto, los juristas de inmigración subrayan que aquellos que han perdido el TPS todavía pueden considerar alternativas legales para quedarse en EE. UU., como peticiones de residencia basadas en vínculos familiares, solicitudes de asilo o protección en virtud de tratados internacionales. No obstante, dichos procesos suelen ser complicados, prolongados y onerosos, y no aplican a todas las situaciones.

El debate sobre el TPS también se da en un contexto más amplio de endurecimiento de políticas migratorias en EE. UU. En los últimos años, las medidas han incluido el cierre de vías humanitarias, nuevas restricciones en la frontera sur y mayor discrecionalidad para las autoridades migratorias. Esto ha generado incertidumbre entre millones de personas que viven con estatus temporales o sin documentos regulares.

Sectores políticos y sociales continúan presionando para que se adopten soluciones más permanentes. En el Congreso estadounidense, se han presentado propuestas para convertir el TPS en una vía hacia la residencia legal permanente, especialmente para quienes han vivido durante años en el país, contribuyendo a la economía y formando parte activa de la sociedad. Sin embargo, las divisiones partidarias y la polarización han impedido avances concretos.

Mientras tanto, las personas afectadas por la cancelación del TPS enfrentan decisiones difíciles. Algunos optarán por quedarse a pesar del riesgo, mientras otros, temiendo ser deportados con sanciones, podrían acogerse a la recomendación de retirarse voluntariamente. En ambos casos, la falta de una política migratoria integral deja a miles en un limbo legal, atrapados entre el arraigo en EE. UU. y la inseguridad de regresar a sus países de origen.

Esta situación vuelve a poner en primer plano la urgencia de una reforma migratoria estructural que contemple tanto la protección de derechos humanos como la necesidad de regularizar situaciones migratorias prolongadas. Para muchas personas con TPS, la idea de autodeportarse no solo representa una salida física del país, sino la ruptura de un proyecto de vida construido durante años.

Claudia Morales

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