Fue 13 de marzo de 2013 hasta el ahumado blanca se prolonga por el cielo nocturno de la plaza de San Pedro, marcando el inicio de un hito: Jorge Mario Bergoglio, el primer jesuita argentino y latinoamericano designado para gobernar una iglesia con más de 1.200 millones de fieles en todo el mundo y tomó el nombre de Papa Francisco.
El cardenal Bergoglio ingresó a la Capilla Sixtina el 12 de marzo, sin saber que, en menos de 24 horas, se transformaría en el nuevo papa. Antes de comenzar el cónclave, los rumores daban como favoritos al Italiano Scola, al Canadiense Ouellet y al brasileño Scherer como a los posibles sucesores de Benedicto XVI, quien había renunciado al cargo.
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Una vez que los cardenales juraron secreto y se acomodaron en sus bancas, el Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias se presenta al micrófono y dijo de manera inexpresiva: «Extra omnes», que traducido del latín significa «fuera todos» o «que no quede nadie».
A partir de ese momento, quienes no participaron del cónclave salieron de la Capilla Sixtina. Luego se cerraron las puertas para dar comienzo al momento más esperado. En plaza San Pedro miles de peregrinos de distintas partes del mundo juntaban ansiosos esperando el tan ansiado humo blanco.
Antes del comenzo del cónclave, los cardenales preparan la elección del pontífice con las llamadas congregaciones generales.
En la penúltima de estas reuniones, Bergoglio llamó la atención de muchos con una charla de tres minutos y medio que fue inspiradora, refrescante y visionaria. Sus palabras tuvieron un enorme impacto y, desde ese momento, muchos comenzaron a verlo como el nuevo Papa, aunque sin manifestarlo.
Puertas adentro 115 cardenales comienzan a votar. Un total de 68 participaron en el cónclave de 2005, en el que Bergoglio había quedado en segundo lugar. Sus colegas catalogaron al cardenal de Buenos Aires como un hombre profundamente espiritual, poco ambicioso y con una forma muy simple y sencilla de vivir.
Las manifestaciones de cariño que profesaron a los pobres que visitaron en diferentes asentamientos y barrios carenciados despertaron la admiración y se inclinaron el voto su favor.
volver más tarde, la primera votacion sumo de impaciencia a los fieles en la plaza san pedro. El humo que brotó de la chimenea era negro; señal que no hubo acuerdo entre los cardenales. Sin embargo, a pesar de la desilusión y el frío que azotaba la ciudad de Roma, varios peregrinos se quedaron esperando la primicia.
Puertas adentro, la primera votación indicó que el cardenal Scola había obtenido 30 votos (mucho menos de los que se esperaban) y Bergoglio 26, una cantidad sorprendente para los rumores iniciales.
Cómo la mayoría de los cardenales no conocen bien a ese participante del cónclave, depende de los «hacedores de reyes» para obtener orientación con respecto a los posibles candidatos.
Los «kingmakers» son cardenales que conocen a muchos (quizás a todos) los cardenales y en los que sus purpurados compañeros confían para que den información confiable respecto a los candidatos.
Durante el cónclave de 2013 hubo varios cardenales que conocían a Jorge Mario Bergoglio que participó del realizado en 2005. Entre ellos Bagnasco (Italia), Maradiaga (Honduras), Murphy-O’Connor (Reino Unido), Gracias (India), Monswengo (República Democrática del Congo), Turkson (Ghana) y Hummes (Brasil).
La mañana del 13 de marzo, la lluvia sumó a las inclemencias del tiempo. Paraguas y más peregrinos se van se amontonaban con el correr de las horas.
A las 11:38 desde Roma, la chimenea anunció otra desilusión. El humo negro, otra vez el humo negro, contagio de decepcion a la multitud. Que, a pesar de todo, siguió esperando la fumata blanca y el anuncio de los altos clérigos.
Las horas pasaban. El reloj marcaba que faltaban pocos minutos para las 15 horas en la Argentina, mientras que la noche romana se apuraba en oscurecer la ciudad; cuando de la chimenea de la capilla Sixtina se soltó el humo blanco. Inequívoco.
Era el famoso fumata blancacolor logrado al agregar a la quema una pizca de clorato de potasio, lactosa y colofonia que convirtió la impaciencia en una alegría generalizada.
Dentro de la Capilla, de los 115 cardenales oriundos de 51 pays de los cinco continentes Bergoglio obtuvo 77 votos. Mientras que afuera una multitud permaneció en estado de ebullición. El frío pasó al olvido, la lluvia transformó la espera en epopeya y la paciencia de los fieles en emoción por conocer quién iba a ser el nuevo máximo pontífice.
Finalmente, las cortinas moradas serán corrieron. Las puertas se abrieron al compás de las campanadas. Eran las 15:06 hora silverina (19:06 de Roma) cuando el cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran se sentó en el balcón principal de la Capilla Sixtina y tomó la palabra.
«Les anuncio un gran gozo… Habemus Papa». Las palabras llenaron de celebración la plaza, los fieles se abrazaron y festejaron el ser testigos de un momento histórico. «El eminentísimo y reverendísimo señor, don Jorge Mario cardenal de la santa de la iglesia romana Bergoglio, que se ha impuesto el nom de Francisco”, dijo Taurán.
En entrevista con PERFIL diario con motivo del decimo aniversario de su papadoFrancisco habló de los pormenores de su elección y de la importancia que tuvo su amigo, el cardenal brasileño Cláudio Hummes (1934-2022) en el momento en que llevó a cabo el cónclave.
«Es una cosa extraña la dinámica del Cónclave, yo no me di cuenta porque a veces uno no sabe a quién votar, entonces le da el voto a éste que llamamos voto depósito, hasta que alguno de los taitas te adelantó que había cuatro preferidos que podría ser dijo, cuatro Pero entonces, ¿cuál de estos cuatro va a ser ? del día anterior», relató.
Y agregó: «La segunda y la tercera fueron a la mañana, y dije: ‘¿Qué pasa aquí, demasiado depósito?’ No me di cuenta. Y me di cuenta en el almuerzo recién, porque al salir del almuerzo viene un cardenal corriendo y me pregunta: ‘¿es verdad que a usted le sacaron un pulmón?’ derecho superior por quistes». ‘¿Y cuándo fue eso?’. ‘En el año 57’. Él respondió: ‘¡Estas maniobras de último momento!’ Ahí me di cuenta. Pero igual durmió la siesta tranquilo, volví allá, y ahí, en la segunda a la tarde, flé elegido. Benedicto fue elegido en la primera de la tarde, yo en la segunda.»
Consultado sobre qué sintió en el momento culmine del cónclave, Francisco respondió: «Tiro». «Uno se defiende queriendo no sentiment. Cuando en la anteúltima, la primera de la tarde, cuando la cosa era casi clara ya que iba a terminar mal (sic), se me acercó el cardenal Hummes detrás, y me dijo: «No te asustes, ha sido obra del Espíritu Santo». Un grandullón de Cardinal Hummes. Y cuando salí elegido, tuve los dos tercios, y siguieron los votos, se acercaron pobres Hummes y me dijo: «No te olvides de los’. Y ahí vino el nom Francisco. Hummes me acompañó con esos dos gestos».
El miércoles 13 de marzo de 2013, a las 16:12 de la Argentina y detrás de una cruz enorme apareció Jorge Mario Bergoglio. El hombre nacido en el barrio de Flores, -hijo de inmigrantes piamonteses- de padre y empleado del ferrocarril y madre ama de casa, se asomó al balcón con la vestimenta blanca, inmaculado, impoluta. El nuevo Papa saludó a la multitud que lo esperaba en la Plaza San Pedro.
El reloj en la capital italiana marcaba 20:23 (16:23 en la Argentina) cuando el recientemente electo, Papa Francisco pronunció sus primeras palabras ante los fieles: «Buenas noches, saben ustedes que el deber del cone era elegir un obispo para Roma . Porque mis hermanos cardenales han ido a buscar un Papa casi al fin del mundo, pero estamos aquí. The agradezco el recibimiento de la comunidad diocesana de Roma has su obispo, gracias. Y, antes que nada, querría hacer una oración por nuestro obispo emérito, Benedicto XVI. Recemos juntos por él, para que el señor lo bendiga y la virgen lo custodie”, fueron sus primeras palabras desde el balcón de la Capilla.
Junto a una plaza repleta, el recientemente electo Papa Francisco rezó el primer nuestro como máximo representante de la curia. Al finalizar, continuó su discurso: “Y ahora empezamos este camino, obispo y pueblo, este camino de la iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las iglesias. A camino de hermandad, de amor y de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros. El uno por el otro. Recemos por todo el mundo porque haya una gran hermandad”.
“Y ahora quisiera dar la bendición, pero antes les pido un favor. Antes que el obispo bendiga al pueblo les pido a ustedes que recen al señor para que me bendiga a mí. Los rezos del pueblo pidiendo la bendición para su obispo. Hagamos en silencio este rezo de ustedes para mí”, concluye Francisco. Los aplausos de los fieles presentes se transformaron en un sonido único, contundente, empático.
nt/ds
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