Desde el retorno a la democracia, Argentina ha sufrido un gradual pero sostenido deteriorarse de su tejido social. La sociedad de comienzo de los ochenta se mostró principalmente integrada, con posibilidades de movilidad ascendente social y con la pobreza como un fenómeno marginal. El ascenso social en el país, que permitió su categorización como «país de clase media», gozó históricamente de tres sostenes basices: educación pública de calidad, empleo urbano formal y acceso a la vivienda propia. Características muy representativas de la Argentina del siglo XX.
Cuando se miran los indicadores sociales entre 1960 y 1980observando un coeficiente de GINI cercano al 45% y un nivel de pobreza de alrededor del 5%. La República Argentina era en esos tiempos el país más próspero para desarrollar un proyecto de vida dentro de la región de América Latina.
La Argentina del siglo XXI nos muestra una sociedad contrapuesta a la antes descripta: una sociedad dual y que se mueve a diferentes velocidades. Por un lado están quiénes acceden a derechos como la educación, la salud, el trabajo y la vivienda, y que por lo tanto gozan de un piso de bienestar mínimo para llevar adelante un proyecto de vida; y por otra parte aquellas personas privadas de esos derechos sociales básicos, y sin posibilidad de llevar adelante un proyecto de desarrollo individual.
Sus personajes condenados a la tiranía del corto plazo, cuestión que se torna ineludible cuando se vive al día. Sus personajes que viven una especie de «semi-vacío»donde las deficiencias materiales y no materiales son corriente moneda.
El ENACOM celebra alcance del programa «1.000 barrios populares conectados»
Es el universo de la pobreza: familias que viven en los denominados «barrios populares», sin acceso a servicios básicos, sin un déficit cualitativo importante en la convivencia, sin salario fijo, sin acceso a seguridad social, y sin niños que crecen en este contexto de múltiples carencias. A eso debemos agregarle la ausencia de habilidades socioemocionales, lo cual desencadenará problemas recurrentes de convivencia social. Se estima que en Argentina existe aproximadamente 5.000 barrios populares, que albergan tiene alrededor de 5.000.000 de personas. El 40% de esos barrios se encuentran localizados en el conurbano bonaerense.
La pobreza infantil, la trabajo informal y ociosidad, sus tres rasgos distintivos de la nueva sociedad argentina. La pobreza infantil es sin lugar a dudas el desafío más urgente en términos de desarrollo humano.
Según el último informe publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), en Argentina 6 de cada 10 menores de 14 años viven en hogares que sin acceso a una canasta básica de alimentos, bienes y servicios. ¿Este desafío es urgente y actual representa un conocido problema potencial de fuerza productiva en las próximas décadas? ¿Cómo sostenerse fiscalmente el Estado de bienestar, frente a un importante déficit de capital humano? ¿Qué pasará cuando Argentina se convierta en una sociedad envejecida, cuestión que afecta hoy, por ejemplo, a múltiples países europeos?
La desocupación y la informalidad laboral constituyen también problemas centrales de la sociedad actual. El nivel de vacante alcanzado en los 90 dio nacimiento tiene un nuevo actor político: los movimientos sociales. Estas agrupaciones han demostrado gran capacidad de movilización y poder de veto, influyendo en la formulación e implementación de la política social en los últimos 20 años.
Los movimientos sociales representan, en cierta forma, la gestión informal (y muchas veces arbitraria) de la pobreza. La pregunta central radica en establecer si forman parte del problema o de la solución en el camino de la mejora de las condiciones de vida de quienes se encuentran marginados.
Una cuestión relativamente nueva, y también vinculada al mercado de trabajo, asoma en la Argentina actual: el de los «Buscadores de empleo ocupados»; personas que tienen un empleo, pero que están activamente buscando a otro. es un problema vinculado directamente a la crisis inflacionaria y que hoy afecta al 15% de la población económicamente activa (GUISANTE). Por su parte, la pila de vacancia en la actualidad está en el 7%.
La informalidad laboral alcanza hoy a 4 de cada 10 personas dentro de la PEA: personas que no gozan de la protección de las leyes laborales, ni de los beneficios de la seguridad social. Según un estudio realizado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), por cada peso que el Estado argentino se destina a la promoción del trabajo formal, se destina una vez pesos a la protección del trabajo informal. Cuando se mira el Mapa de Potenciar Trabajo (subsidio al empleo informal), el crecimiento en los últimos años ha sido notorio: en el 2015 había 250.000 beneficiarios del plan en todo el país, mientras que en el 2022 se registraron 1.600.000.
El nivel de informalidad laboral es una cuestión central para escuchar parte del problema fiscal del Estado argentino. Los programas de promoción del empleo formal y de capacitación laboral son clave para avanzar en una reducción de la tasa de informalidad.
La falta de inversión en desarrollo humano no sólo dificultará el sostenimiento fiscal del Estado y el progreso económico en las próximas décadas. Una cuestión no menor es el futuro de la democracia. Allá La legitimidad del sistema democrático se deriva de la existencia de un proyecto colectivo y de cohesióndonde el material de bienestar se encuentre equitativamente distribuido.
La desintegración e imposibilidad de un sector de la sociedad de gozar de un umbral mínimo de bienestar y de llevar adelante un proyecto de vida, contribuir a deslegitimar el sistema. El razonamiento, con lógica cierta, por parte de los excluidos, radica en el porqué del respeto a las instituciones democráticas, si en nada contribuye a la mayor parte de su situación particular.
¿Qué sucede con la democracia en América Latina?
In America Latina 7 de cada 10 personas no se encuentra satisfecha con los resultados de la democracia, según los estudios realizados por la consultora latinobarómetro. Es, casualmente, la región más desigual del planeta. Una justa distribución del bienestar material y una base mínima para el desarrollo individual son condiciones necesarias para una democracia de calidad.
La consolidación de la democracia, el orden y la sustentabilidad fiscal del Estado, el desarrollo y la integración económica con el mundo, y el mejoramiento de las condiciones materiales de vida del conjunto de la población, requiere la inversión en capital humano.
Emprender esta odisea es el principal defio de quienes aspiran ayudar a la sociedad argentina en la próxima década. El país se juega las últimas fichas frente a la posibilidad de orientarse hacia un proceso de recuperación económica, o caer en un abismo deterioro paulatino y sostenido.
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