Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de privacidad.

Políticas asistenciales y pobreza: ¿un círculo vicioso?

Políticas asistenciales y pobreza: ¿un círculo vicioso?


En Argentina, la alta incidencia de la pobreza es un problema crónico. Tras décadas del 25% de la población total y en episodios críticos, como la crisis macroeconómica de 2018 o el estricto confinamiento de la pandemia, se acerca el final de la población. Actualmente, 4 de cada 10 argentinos son pobres.

La pobreza se asocia a una multiplicidad de factores. A los fines de simplificar el diagnóstico resulta relevante para distinguir la pobreza coyuntural de la pobreza estructural. El grupo de pobres coyunturales lo integran personas qu’entran y salen de esa situacion en funcion de la situacion economica. Por el contrario, la pobreza estructural extiende los vaivenes de la económica. Este segmento constituye un piso más difícil de perforar que explica que la pobreza nunca sea menor al 25%.

El determinante más importante de la pobreza coyuntural es la inflación y la erosión que provoca en la remuneración de los trabajadores. El fenómeno se potencia por la muy alta incidencia el trabajo informal, ya sea como asalariados no registrados, principalmente en pequeñas empresas, o como cuentapropistas no profesionales.

La remuneración de los trabajadores informales depende de la capacidad de defensa contra el impacto de la inflación. Por lo tanto, aumentos en la inflación necesariamente implican aumentos en la pobreza.

En el núcleo duro de la pobreza inciden además más factores estructurales que trascienden el ciclo económico. En este sector de la población, la carencia más extrema lleva a una situación de vulnerabilidad que ni puede ser superada ni siquiera en ciclos macroeconómicos más favorables.

¿Qué puede hacer el Estado?
La composición heterogénea de la pobreza impone distintos tipos de estratos desde el punto de vista de las políticas públicas. Van desde acciones orientadas a recomponer ingresos -como los planes asistenciales de transferencias de ingresos- a acciones con perspectiva de más largo plazo, como mejorar la educación y las condiciones de vivienda de las familias.

La particularidad que distingue a los últimos años es la centralidad que tienen las transferencias asistenciales. En los últimos 10 años el monto de los beneficios otorgados aumentó en más del 100% y alcanza el 4% del PBI.

Considerando que la inversión en asistencialismos tiene niveles inéditos (lo que no obstante tiene aparejado sacrificar otras funciones del Estado) la incidencia de la pobreza no cede. Las evidencias muestran una preocupante paradoja: se gasta más en asistencialismo y sube la pobreza. Se convierte en un ciclo vicioso. Será un choque contundente que será evaluado por las multas de revegetación de estratos.

El circulo vicioso tiene explicacion
La explicación de la paradoja es que la política asistencial plateada adolescente de graves errores de diseño que potencian por varias deficiencias en la instrumentación. Una conformación caótica donde prevalecen los intereses políticos de sus ejecutores por sobre el interés de las familias en situación de vulnerabilidad.

El Estado ejecuta la asistencia política de manera desordenada en cientos de programas bajo la responsabilidad de una gran cantidad de organizaciones distribuidas en los tres niveles de gobierno. La primera consecuencia es que los hosts vulnerables están obligados a gestionar en múltiples ventanillas las ayudas asistenciales. Los solapamientos llevan a que las mismas personas, por la misma necesidad, reciben asistencia por diferentes mecanismos. Esto no sólo complica la pérdida de familias vulnerables, sino que multiplica los costos administrativos, las ineficiencias y las oportunidades de corrupción.

Para colmo, en varios casos se privatiza la gestión de las ayudas sociales en las organizaciones piqueteras. El más emblemático, pero no el único, es el Programa Potenciar Trabajo. Estas organizaciones actúan como “empleadores” de mano de obra barata financiada con dinero estatal. El sometimiento de la gente a las directivas que fijan los líderes de las organizaciones llega a situaciones extremas como las que actualmente se hicieron públicas en Chaco y hace algún tiempo en Jujuy.

Se supone que, en la situación fiscal actual, la expansión de la asistencia gasista se financia con más emisión. Las pérdidas de emisiones se trasladan a precios y esto erosiona los ingresos de la población en general, pero particularmente las remuneraciones de los trabajadores informales. En este punto, una cuestión clave que se plantea con frecuencia sobre el alto es que la principal fuente de ingresos de los hogares pobres son derivados del trabajo informal y no de la asistencia social.

Sin embargo, aumentar las ayudas de gas financiadas con emisión aumenta la pobreza, hay que la negativa de ingresos que supone recibir un plan difícil compensa la pérdida que provoca la retribución a pagar por los aumentos de precios. Se arma este circulo vicioso que provoca que el gasto asistencia aumente, y aumente la pobreza.

Pelele la paradoja
El paso más importante es tener una macroeconomía sana. Estabilidad de precios y aumento de empleos de calidad es, por lejos, la política más progresista. Si esto va acompañado de un replanteamiento de la política social, aumenta la probabilidad de eliminar la pobreza coyuntural con relativa rapidez.

Para el núcleo más duro de pobreza estructural es necesario la perseverancia en inversiones cuyos resultados demanden más tiempo para ser efectivos, como por ejemplo la inversión en educación, salud e infraestructura social.

Coordinador de Investigación Idesa

Por Claudia Morales