No cabe duda de que existe, frente al escenario politico actual, un estado de perplejidad generalizada en todos aquellos que vindicamos la democracia como sistema de gobierno. Frente a los procesos habituales de negociación de candidaturas, se percibe con fastidio que lo que más importa no son las ideas sino las encuestas ya la gente arrastra o espanta cada aspirante a cargo o función.
La gran mayoría de los que habitualmente candidatan no lo hacen porque posean una formación adecuada para el cargo ni capacidad para gestionar, por haber adquirido cierta experiencia en la función o por vocación; Menos aún por su adhesión a algún eventual programa de gobierno, por lo general inexistente.
Las solicitudes se obtienen de un reparto de cargos con características similares a las de una subasta, cuyo resultado se determina a partir de la capacidad particular de rosquear de cada postulante. Eso sí, los que logren ser candidatos adoptarán de lleno una actitud de conmovedora súplica para que los ciudadanos los votemos.
Edad, nivel educativo y región: cómo votaron los principales candidatos en las elecciones de 2023
Henry Mencken sostenía que en una democracia un partido acostumbraba a dedicar sus mayores energías a intentar demostrar que el otro partido era incapaz de gobernary que los dos no solo usaron conseguirlo sino que además tenían razón.
En la democracia argentina esto se ha exacerbado a un punto que, desde hace varios años, nos hemos acostumbrado a cómo la inmensa mayoría de los políticos –incluso denttro de un mismo frente o partido-intenta explicar Por qué sus adversarios son les peores qu’ellos y no por qué ellos son mejores.
No cabe duda de que en toda campaña política los candidatos suelen ser mejores actores de lo que sería cualquier actor haciendo de política; si alguna vez, será posible prometer un poco más de lo que el oponente tiene cuenta de que no hará falta que los compromisos asumidos se cumplan. Ante el dicho que dice: “quien mente debe tener buena memoria”, los gobernantes suelen fingir que no recuerdan sus promesas. Cuando ellas les sons graban hacen todo lo posible por convencernos de que no corresponden cumplirlas aduciendo que fueron plantadas en otro contexto y que las condiciones cambiaron de manera inesperada.
Promesas incumplidas: el empate entre el gobierno de Alberto Fernández y Mauricio Macri
¿No deberíamos considerar al político más hábil como aquel que no necesita explicar por qué sus promesas no se cumplieron? ¿Y al candidato más honesto y convincente como aquel que reconoce que no hay que creerle demasiado? La pregunta que surge es, si en una democracia, gobernar sin cumplir con un mandatono implica usurpar el cargo al que se ha accedido.
Hoy las encuestas indican que los candidatos a los principales puestos tienen mayor imagen negativa que positiva. Como consecuencia de esto, en las campañas no dedicarán cantidad de sus esfuerzos para obtener un favor del mayor de votantes; por el contrario: emplearán sus mayores energías en registrar la menor cantidad de votantes en su contra.
De las 20 promesas que hizo Macri en campaña, solo cumplió dos
De hecho, en los últimos ballotages una enorme proporción de ciudadanos optó por elegir al mal menor, esto es, al candidato que suponía menos malo, lo que es equivalente a haber votado en contra del candidato alternativo. Si en la próxima elección presidencial se da respiro el empate, es muy probable que triunfe la misma; también que mucha gente vota en blanco.
Por todo ello, prácticamente no existe un escenario electoral real, ningún resultado muy difícil imaginar un quimérico sufragio en el que la gente en lugar de emisión un voto positivo, opt pour voto en contrade modo tal que resulta electo el candidato que obtiene menos votos negativos.
Tal votación ¿no provocaría una suerte de blanqueo electoral? ¿No se trataría de un recurso para explicitar y poner de manifiesto el desilusionado ¿Qué existe hoy en la mayoría de los argentinos?
*Escritor, filósofo y físico; ex director del Departamento de Historia de la UBA


