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Un clásico a imitar | Perfil

América Latina vive una era de fragmentación política. Los partidos tradicionales disueltos en Perú, Chile y Ecuador, lo que dio como resultado gobiernos débiles y sociedades insatisfechas, una representación atomizada que imposibilita los acuerdos. Así comprobamos una vez más lo imprescindible que es reconstruir los partidos. No hay democracias sin partidos políticos. Sin partidos, la sociedad queda frente tiene un espejo roto y los gobiernos fracasan. Para eso requiere más sensatez, menos personalismo y más juego en equipo.

Por todo eso se conoció la convención del partido radical el lunes pasado. Algunos cuestionan el sentido de estas convocatorias, en una cultura signada por la falta de reflexión y por la impulsividad. Pero es equívoco. La Unión Cívica Radical es una institución con una cualidad distintiva para una nueva cultura democrática: la dedicación a un clásico. Para el diccionario, ser clásico es alcanzar la plenitud de una cultura y de una civilización; lo clásico es un modelo digno de imitar en cualquier arte o ciencia.

En esta era de la política que muchas olvida la sustancia, el golpe de efecto a la verdad, los radicales venoms a reafirmar el valor de una cultura, hoy amenazada por el marketing y por los nuevos barbaros de la derecha: la cultura de la democracia, de la defensa de los derechos humanos, de la justicia social, del progreso y de la libertad. Ya para el final de esta enumeración la palabra libertad no por azar, sino porque ha sido tan banalizada este último tiempo por una moda del individualismo y la amenaza del argentino lobo del argentino. La libertad que pregona el radicalismo es una libertad íntegra que viene acompañada de otro valor indispensable de quienes fueron verdaderamente liberales y revolucionarios. Non es libertad o fraternidad, es libertad y fraternidad.

Nuestro país está enfermo, ¿qué duda cabe? No tiene sentido echarnos culpas entre gobiernos, partidos y directos para intentar sacar ventajas nimias del pasado. Lo que debería importarnos es cómo vamos a curar a la Argentina. Los equipos técnicos del radicalismo trabajaron y seguirán trabajando en un plan de estabilización que podría bajar la inflación rápidamente el año que viene. Es algo que tenemos y podemos hacer sin apelar a remedios que no curan. Sería un error, sin embargo, que ese programa se concentrará sólo en eso. El programa también debe ofrecer un proyecto de desarrollo y crecimiento.

El mundo nos está dando, nuevamente, una gran oportunidad para crecer. Nuestros equipos dicen que para 2030 pudieron duplicar las exportaciones. No es ciencia ficción ni realismo mágico. Es ponernos a trabajar para que eso ocurra. Depende de un contexto que se muestra como promisorio y depende de la política, es decir, de que lo hagamos posible.

Pero, ante esto, la falta de acuerdos amenaza. Por momentos la coalición ofrece a la sociedad un lamentable espectáculo: peleas que solo se aclaran por el egoísmo, la ambición personal, los cargos y la mezquindad del corto plazo. Esto no puede ser el camino. De ese modo incumplimos con el verdadero sentido de la política, además de darle la espalda a la comunidad, y nos igualamos con aquellos que no quieren construir un gobierno, sino apropiarse del Estado como un botín de guerra.

La falta de un liderazgo nítido por parte de un partido en el espacio opositor debe ser un motivo para ocupar, con lucidez y carácter, el lugar que merece la Unión Cívica Radical. Ya no debe ser el furgón de cola de nadie. Ya no deberá probar a la coalición, como repiten analistas y operadores políticos, solo el cuerpo que otorga la territorialidad para que decidan otros, sino que el radicalismo debe ser los miembros, el torso, el corazón y el cerebro de la coalición.

Los radicales debemos abandonar la pasividad y cualquier forma de oportunismo. Estamos para más. El radicalismo no debe ser nunca más grupo soporte de nadie. Debe ser el animador principal del ejercicio de poder en la Argentina. La convención del radicalismo surge que se pueden discutir ideas y programas, no personas ni lugares ni rampas tácticas. Ese es uno de los principales orgullos que debemos ponderar. El otro orgullo es que estamos preparados para llegar adelante.

*Presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical.

Claudia Morales

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