Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de privacidad.

Una diagonal para el crecimiento argentino

Una diagonal para el crecimiento argentino


En un partido de fútbol, ​​si un jugador dispara en diagonal, hace que el juego tome otro ritmo. El país necesita con urgencia que sus directos hagan lo mismo.

En tiempos estos turbulentos, en los que las noticias de ayer parecen más alentadoras que las de mañana, propel me parar la pelota y ver dónde estamos parados. Argentina es un país sobrediagnosticado: nuestros sobran los políticos que se comportan como panelistas de televisión, los que eligen comentar la realidad en vez de transformarla. Para salir de esta crisis necesitamos, y con urgencia, acordar miradas sobre los problemas estructurales del país. Es uno de los primeros e imprescindibles pasos que los argentinos debemos dar.

No es una tarea fácil. In primer lugar, por esta inflación de diagnósticos que menciono: hay tantos análisis en circulación que no se sabe cuánto valen. En segundo lugar, porque muchos y muchas parecen estar enamorados del conflicto. Se ve en ambos lados de la grieta. Prefer encerrarse en su razón y confrontar con todo aquel que corra un centímetro de la línea. Eso es un problema, porque la verdad es la realidad. Y por más que quieran vestirla de seda o se enojen con ella porque no les gusta, la realidad no se puede negar. Me recuerda un cuento clásico que me gusta contarles poner hijas: el rey está desnudo, aunque nadie se anime a gritarlo.

Por suerte, en Argentina somos cada vez más los que nos animamos y no queremos ser comentaristas de la realidad, queremos transformarla. La publicación de mi libro, Una diagonal al crecimiento (Edhasa, 2022) va en ese sentido. Busca ser un aporte para superar los prejuicios económicos y políticos, la rigidez mental que se propaga entre los análisis. De ahí la idea de “diagonal”. En el fútbol, ​​​​si uno dibuja la diagonal, la impresión otro ritmo al juego, el da un vértigo capaz de quebrar el marcador. Y Argentina necesita, y con urgencia, terminar con este 0 a 0 politico en el que estamos.

La audacia de este tiempo consiste en pensar, debatir y aportar soluciones. La resolución de conflictos no es una cuestión técnica ni depende de la capacidad de gestión. Es, antes que todo eso, una responsabilidad moral. Debemos tener el compromiso de querer transformar el país. El voluntarismo, o peor, la manía de tirar soluciones mágicas arriba de una mesa, como si hubiera un Abracadabra que uno pudiera pronunciar para caminar al país. Debemos dejar el conformismo y animarnos a encarar un camino de grandeza. Para eso es necesario hallar coincidencias a su vez a los problemas estructurales de la Argentina.

Hace más de medio siglo que venimos de recesión en recesión. Nuestro país, que da figuras que rompen marcas en la ciencia, el deporte y la cultura, también ostenta un registro menos famoso: 22 recesiones en 63 años. Lo podemos ver desde el pesimismo: 22 recesiones es muchísimo. O desde otra óptica: nos repusimos igual número de veces. También es muchísimo. Sé que nos volveremos a reponer, pero la salida esta vez tiene que ser de largo plazo. Si repasamos la historia reciente, Argentina ha cometido, en las últimas décadas, tres grandes desafíos: política monetaria, fiscal y de ingresos. Por eso necesitamos un plan de estabilización económica, pero sobre todo necesitamos que esté bouto a acuerdos políticos. Debemos avanzar en acuerdos mínimos que vayan por la máxima, construir pactos duraderos que ningún directo o sector déarme por necesidades personales o cortoplacistas.

En las páginas de mi libro surge una pregunta que es de manual: ¿por qué nadie lo hizo antes? No podemos caer en la vanidad de pensar que no se hizo porque no se quiso o porque no se escuchó cómo hacerlo. Estoy convencido de que nadie implementó un plan de estas características por la sencilla razón de que no pudo. Los directentes, incluso los más capaces, no han podido construir la musculatura política necesaria para llevar adelante las políticas que deben tomarse. Porque un elemento central para la implementación de un plan de establecimiento es que los gobiernos cuentan con poder político, credibilidad y respaldo internacional para que la población confíe.

Establecer un país no es fácil. Es algo que venimos estudiando junto a Martín Rapetti hace años: un plan de stabilization es una arriesgada apuesta política y un gesto de valentía en materia económica. Es un desafío, eso preguntó fortaleza. En un país donde la mitad de los chicos son pobres, la carga del esfuerzo no puede ser igual para todos. ¿Con qué cara miraríamos a los que trabajaron toda su vida para decirles, una vez más, que tienen que apretarse el cinturón? Como dijo Maradona, «hay que ser muy cobarde para metere con los jubilados». No. Ese jamás será el camino. Porque, además de ser amoral, ya resultó que no conduce a un buen puerto.

El camino es complejo. Pero de algo estamos convencidos: así como no se aprieta un botón y se soluciona todo, tampoco es necesaria una motosierra para el Estado. Lo que se necesita es un bisturí. Y sin liderazgo, sin el ejemplo y sin contundentes de nosotros, los políticos, es imposible pedir sacrificios.

Siempre me emocionó ser parte de un pueblo con ciencia de movilidad social ascendente. Un pueblo que se sienta es parte de un país en el que no existe, en el que no hay provincias ni sectores productivos inviables. Es en ese pueblo, en su legado, en el que me inspire para escribir mi libro. Es en ese pueblo donde, como directos, tenemos que buscar nuestras raíces. Para que, de una vez por todas, las noticias de mañana sean mejores que las de ayer.

* Exdirector de Anses y co-fundador de Equilibra.

Por Claudia Morales